Con la suspensión de LaLiga, el fútbol profesional está temblando por cuestiones económicas también. Nadie ha dudado de que lo primero que hay que proteger es la salud de los deportistas y de los aficionados, sin olvidarse de todos los que están de una manera u otra metidos en el negocio del fútbol.

El jueves se decidió parar al menos dos jornadas de Primera y Segunda división, lo que directamente puede ocasionar una ruina absoluta para muchos clubes españoles. En un primer informe, esta suspensión acercará las pérdidas a los 700 millones de euros, si no se pudiera terminar el campeonato de esta temporada.

Si LaLiga no puede reanudarse, no sólo la patronal perderá dinero. Todo lo que rodea al espectáculo futbolístico también lo sufrirá, y de una manera aún más grave porque en el negocio hay muchos trabajadores eventuales que se quedan sin trabajo y sin sueldo.

De esos 700 millones de euros que dejará de ganar LaLiga, según su propio informe público, 494 millones son de los contratos de la televisión, 78 millones por los abonos y 39 de las taquillas. A este agujero que puede ocasionar en la Primera División hay que añadirle los 78 de Segunda, que se reparte en 55 millones de televisión, 10 de los abonos y 3 de la taquilla.

El fútbol, un motor económico clave en el tejido turístico
El deporte en general es uno de los principales generadores de dinero en el sector del turismo, y el fútbol en particular. Cada fin de semana, tanto los aficionados de Primera como de Segunda, se desplazan con sus equipos y generan una riqueza en hostelería a las ciudades a las que acuden.

En el año 2018, del 5% de los ingresos turísticos de las ciudades, al menos un 3% fue de visitantes por algún motivo deportivo y de ese tanto por ciento, más de la mitad fue de aficionados al fútbol. Basta recordar que tanto el FC Barcelona y como el Real Madrid con sus respectivos museos son dos de los más visitados de sus ciudades y ese es un dinero que en las grandes cuentas de LaLiga no figuran.