Los árbitros nos roban, con perdón. Claro que nos roban. Tú piensas que sólo roban a tu equipo, faltaría más, pero en realidad nos roban a todos. Porque, en resumen, lo que nos están robando es el fútbol.

Normalmente las jugadas polémicas sí, pero hay decisiones que no se prestan a interpretación alguna: por ejemplo, tal y como sucedió este sábado, que un partido esté parado más de un minuto desde el 43′, porque dos jugadores se duelen en el suelo… y no haya prolongación.

Hubo otro hace poco en el que, con ventaja mínima para un equipo, el del silbato ordenó tres minutos más y pitó una falta a los dos y 20 segundos. ¿Qué pasó en los 40 que en teoría faltaban? Que los que ganaban demoraron el saque lo suficiente como para que se decretara el final justo al hacerlo.

Así, siempre. Y como en la Liga son “una banda de tramposos” (Mendilibar dixit), cada vez se juega menos y cada vez parece más urgente parar el reloj cada vez que se pare el fútbol. Lo revolucionaría, sí… pero además nos lo devolvería. Que nos lo están robando.