Cualquier día lamentaremos una desgracia. Lo mismo cuando ocurra ni Y ocurrirá porque hay cafres… y porque se pone a los árbitros en la diana. Algunos clubes, sí, pero también algunos medios de comunicación. Como el que no se conforma es porque no quiere, al menos en este caso estamos tirando de metáfora con lo de la diana, que hubo alguno al que se le hizo literalmente. Tiene que haber un límite, en fin, para que la merecida crítica a la que tan aficionados somos muchos (este teclado el primero) no se convierta en el inmerecido linchamiento al que tan aficionados parecen algunos.

Ni siquiera tenemos claro si la mano de Felipe fue penalti o no, o para ser exactos no nos ponemos de acuerdo en si la mano de Felipe fue penalti o no, pero lo que no queda es un solo español que desconozca el apellido al cuadrado…

Hernández Hernández.

El árbitro canario es ahora la pieza a cobrar. Se han sacado listas con sus errores (no presuntos errores, que el lenguaje también es importante), se han desarrollado estadísticas con sus visitas al VARse ha buscado en la basura (especialidad del periodismo actual) hasta encontrar para pasmo general que a los 11 años sentía simpatía por un equipo (o al menos eso decía, sin saber que algún día se le pedirían como adulto cuentas de lo que había respondido como niño), se ha tildado como polémico el pellizco de monja con el que el Atlético pretendió salir al quite pero no las declaraciones previas de Butragueño contra él, se ha dictado sentencia desde la que se suponía era tribuna política… se ha hecho prácticamente de todo.

En un experimento sociológico sorprendente, el autor de estas líneas ha contado las veces que repitieron la jugada el domingo en un programa de televisión (y al llamarlo programa ya descartamos unos cuantos). ¡51! Una detrás de otra, ahora hacia adelante, ahora hacia atrás. Llegados a cierto punto, cualquiera hubiera dado por buena la pena máxima con tal de que pararan de una vez. Del propio derbi hubo alguna que no repitieron tanto pese a la curiosidad que había generado, pero supongo que sí existirá unanimidad en que una acción del Cádiz-Eibar, por ejemplo, no hubiera alcanzado jamás dicha cifra. 50 puede ser, pero 51…

Así que ya no se trata tanto del beneficio o perjuicio en un partido concreto, ni de que las decisiones arbitrales puedan resultar fundamentales en la resolución de un título (caso Luis Suárez vs. Lucas Vázquez), sino de que ahora mismo hay 19 colegiados de Primera división que han comprobado en carne ajena cómo las gasta el sistema con aquél que no actúe como se espera. Bueno, 18, porque el de la tecnología del derbi, otro con apellidos iguales, ya parecía tenerlo claro cuando reclamó la atención de su compañero.

Y, a todo esto, el atronador silencio de Velasco Carballo, tan locuaz la semana pasada para atacar a uno de los suyos (o eso pareció hasta que nos dijo que lo habíamos entendido mal, torpes como somos), tan discreto ésta para defender a otro.

Batman era el héroe que Gotham merecía… pero no el que necesitaba. El fútbol español merece muy poco, pero necesita árbitros. Y no estaría de más que fueran héroes. Porque cualquier día lamentaremos una desgracia…